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martes, 12 de mayo de 2020

Ritmos aditivos en una Lamentación de Joseph Ruiz (s. XVII)

En este breve artículo quiero mostrar la interesante construcción rítmica que se encuentra en la Lamentación 2ª de Joseph Ruiz, compositor español del siglo XVII. El análisis ha surgido durante el proceso de estudio en la clase de Conjuntos de Cámara del Departamento de Música Antigua del RCSMM, en colaboración con la clase de canto del CPMTB (Curso 2019-2020).

Joseph Ruiz [Samaniego] (fl. 1653-1670) fue maestro de capilla de la basílica del Pilar de Zaragoza entre 1661-1670[1]. La obra se conserva en cuatro papeles sueltos (violín 1, violín 2, tenor y acompañamiento “al archilaúd”), está titulado como “Lamentación 2ª, Feria sexta” en el Archivo del Pilar, Ms. Legajo LXVII-5. Está publicada en Cantatas y Canciones para voz solista e instrumentos (1640 – 1760), Música Barroca Española, Vol. V. Ed. Miquel Querol. Barcelona, CSIC, 1973, pp. 15-23.

Como es sabido, el texto de las lamentaciones describe la degradación de Israel, a la que sobrevienen desgracias ocasionadas por haberse apartado de la guía de Dios y haber seguido sus propias pasiones. En realidad se trata de una figura retórica llamada apóstrofe: aunque el texto parece dirigirse a un tercero, el pueblo de Israel, personificado en la hija de Jerusalén, se dirige en realidad al propio oyente, para inducirlo a seguir la guía de Dios y abandonar sus propias pasiones.
Consta de cuatro versículos (Lamed, Mem, Nun, Samech) y la exhortación final “Jerusalén, conviértete al Señor” (apóstrofe). Se trata de un canto alfabético: cada versículo viene precedido de una letra, que en el alfabeto hebreo tiene también valor numérico. La vocalización sobre la letra tiene una función de “etiqueta”, para numerar los versículos. El análisis se va a acotar en las letras Nun y Samech, que es donde se encuentran las pautas que nos interesa destacar. A continuación, el texto de ambos versículos.

Nun. Prophetae tui viderunt tibi falsa, et stulta, nec aperiebant iniquitatem tuam, ut te ad pænitentiam provocarem: viderunt autem tibi assumptiones falsas, et ejectiones.
Tus profetas vieron para ti cosas falsas, y necias, y no te manifestaban tus maldades, para moverte a penitencia: y vieron para ti falsas profecías, y expulsiones.
Samech. Plauserunt super te manibus omnes transeúntes per viam: sibiaverunt, et moverunt caput suum super filiam Jerusalem; Hæccine est urbs, dicentes, perfecti decoris, gaudium universæ terræ?
Palmearon por ti con las manos todos los que pasaban por el camino, silbaron, y menearon su cabeza sobre la hija de Jerusalén, diciendo: ¿Es esta la ciudad de perfecta hermosura, el gozo de toda la tierra?

A continuación, una interpretación de dicha pieza:

La partitura se puede leer y descargar aquí:


 Lo que resulta llamativo en esta pieza —como en otras obras de este periodo— es el empleo de determinados ritmos aditivos que se emplean para imprimir efectos dramáticos, proporcionar una construcción y conducir hacia las ideas importantes. Cuando no hay ritos aditivos, hay un fluir polifónico, las cláusulas marcan o cierran las ideas.
Para aclarar lo que es ritmo aditivo, debemos tener en cuenta que, debido al compás moderno, los músicos consideramos habitualmente que el ritmo se construye por la división de una unidad de compás que se va partiendo (ritmo partitivo): una redonda vale dos blancas, o cuatro negras, etc. Pero el ritmo se puede construir también no por la partición de una unidad isorrítmica, sino por la yuxtaposición de valores largos y breves (ritmo aditivo), obteniendo así los diferentes pies rítmicos: troqueo, dáctilo, yambo, etc. Es la base de la música griega, por ejemplo. Otras culturas antiguas, como la hindú, llegan por este procedimiento aditivo a grandes niveles de complicación. Cuando el ritmo es de este tipo —como en los fragmentos que se analizarán a continuación—, la barra de compás, introducida por la transcripción moderna e inexistente en el original, no tiene sino un valor métrico. El ritmo real es de otra naturaleza[2].
El resultado es una fina y rica elaboración rítmica, que muchas veces reproduce el ritmo prosódico del latín. Otras está inspirado en este, pero es libre del texto, más bien el texto se adapta a esos ritmos, subdividiendo o repitiendo valores para meter más sílabas, incluso modificando la corrección del latín (como se verá a continuación con el empleo de estulta en lugar de stulta). Para terminar de refinar la elaboración, se encuentran algunas construcciones polirrítmicas (ritmos diferentes en cada voz). En otros casos hay ritmos palíndromos (idénticos si se retrogradan), que imprimen una elegancia y fuerza al conjunto.
Voy a centrarme en los dos últimos versículos, correspondientes a las letras Nun y Samech. En estos la intensidad rítmica es creciente, conduciéndonos al climax final que desembocará en la exhortación final: “Jerusalén, conviértete…”. Como parte del arte y  la cultura del Barroco, la música en este caso tiene la voluntad de dirigirse al oyente e influirle, captar su atención y persuadirle.

Nun / Prophete

El texto no es narrativo, sino que interpela directamente al pueblo de Israel: “Tus profetas vieron para ti cosas falsas, y necias, y no te manifestaban tus maldades, para moverte a penitencia: y vieron para ti falsas profecías, y expulsiones” (Prophetae tui viderunt tibi falsa, et stulta, nec aperiebant iniquitatem tuam, ut te ad pænitentiam provocarem: viderunt autem tibi assumptiones falsas, et ejectiones).
Desde el principio vemos una construcción basada en yuxtaposición de pies rítmicos, alternando con una sección final construida de forma polifónica de contrapunto complejo, con cláusulas en diversos grados.
Una primera serie (texto Prophetae tui viderunt tibi falsa, et stulta) se construye con los siguientes elementos: Anfíbraco Anfíbraco Troqueo Troqueo Troqueo + Cláusula Bb (Si bemol, Befabemi en notación alfabética antigua).
A continuación (cc. 6-8), encontramos una construcción más enérgica para subrayar el texto que sigue (nec aperiebant iniquitatem tuam), que forma un palíndromo.

q q / h q / q h / q q
Al mismo tiempo, una construcción polirrítmica superpuesta 3+3+2 (iniquitatem tuam) imprime todavía más intensidad a este momento. Sigue un peán, subdividido, (ut te ad penitentiam), y el periodo acaba con una cláusula en D (Re, Delasolre) en c. 10. Después continua el flujo polifónico en contrapunto complejo, ya no basado en pies o metros, con clausulas en C y G (Do, Cesolfaut y Sol, Gesolreut).


Et estulta” en latín correcto sería et stulta, como señala Querol está adaptado para que encaje el texto con la música[3].
Es necesario hacer algunas precisiones sobre el análisis hecho y anotado en la partitura;
  •     Se han marcado los pies rítmicos sobre la voz del bajo (acompañamiento continuo).
  •    Se marcan ritmos básicos, que pueden estar subdivididos o fraccionados (fractio modi, o como decía Messaien, “monnayée”). Por ejemplo, en el c. 6 el primer pie que aparece, pirriquio, formado por dos valores breves (dos negras), el segundo de los cuales está fraccionado o subdividido (en dos corcheas).
  •     Por supuesto sería posible analizarlo de otra forma, organizando los pies de manera.
  •     El ritmo de las palabras no siempre coincide con música, se puede analizar de otras maneras. El ritmo prosódico del texto genera el ritmo, pero otras veces se impone un ritmo musical (aunque inspirado en prosodia latina), y el texto se adapta al ritmo musical.
Es de gran importancia para la interpretación reconocer estos pies y organizaciones métricas, para dar el impulso adecuado a las frases, respirar en el momento correcto, acentuar de manera correcta por encima de la barra de compás, que aquí es meramente medida. Para la agrupación camerística, es fundamental que todos conozcan el ritmo para actuar homofónicamente, o polirrítmicamente cuando se da esa circunstancia (como en compases 7-8).

Samech / Plauserunt

Se trata del último versículo, antes de la exhortación o apóstrofe final, y es de carácter más enérgico y dramático. Encontramos una serie de particularidades que acentúan este dramatismo:

  • Chiasmus: el tema con la cuarta disminuida en el compás primero, con las notas e intervalos dispuestos en forma de cruz, ha sido empleado por diversos autores del barroco, especialmente para simbolizar la pasión de Cristo. La musicología actual lo denomina quiasmo (en latín chiasmus) por similitud con el quiasmo literario. Si bien en la época no es descrito por este nombre, no se puede dudar de su identidad (próximamente aparecerá un artículo mío sobre el tema).En este caso no se trata de la Pasión de Cristo, pero o bien se emplea para expresar de cualquier manera un afecto doloroso, o es una referencia al tiempo litúrgico y al contexto de la Pasión, en el que se interpretaban estas piezas, recordando que Cristo sufre en la cruz para redimir nuestros pecados. Forma parte así de todo un programa retórico: la rememoración de la Pasión, por la cual se justifica el pecado del hombre, invitando a la reflexión y al arrepentimiento. Podría tratarse de un recurso retórico para introducir un pensamiento adicional, una adiectio conceptual como extensión semántica[4].
  • Lamento: el tetracordo frigio descendente lo encontramos en c. 4, con un pie proceleusmático.
  • Hay una gran riqueza de ritmos, con ritmos punteados que le dan gran energía. Los ritmos tienen diversos niveles: encontramos pies en los que la relación de los valores largo-breve se expresa con blanca-negra, y otros con negra-corchea (el doble de veloz, por tanto). Encontramos por ejemplo el ritmo Jónico mayor expresado h h q q pero luego el Jónico menor como e e q q .
  • Las cláusulas en compases 4, 5 y 6, e incluso la cláusula final en c. 16, tienen el valor de semínima o negra (en el verso anterior tenían el valor de una blanca), resultando por tanto un ritmo más acelerado.


El ritmo y la expresión de este versículo resultan de este modo más intenso, de modo que el fragmento constituye el clímax de esta pequeña serie.
En el análisis proporcionado a continuación, se pueden observar la sucesión de pies rítmicos: Jónico mayor / Ditroqueo / Proceleusmático / Jónico menor (valores a la mitad) / Proceleusmático / Dáctilo / Jónico menor (valores a la mitad) / Jónico menor (valores a la mitad) / Peán II.
En c. 10-11, sobre el texto Hæccine est urbs, dicentes, tenemos un periodo o metro casi palíndromo si n0s atenemos al bajo (al menos en la agrupación 2+3+3+2), también con los valores larga-breve a la mitad (negra-corchea), antibaquio-anfíbraco-pirriquio. Si nos atenemos puramente al texto en realidad hay un metro formado por un espondeo y una pentemímeris yámbica:
/ q  q   /  e q e q q   /


Este momento, en mi opinión, constituye el momento álgido del verso. Después sigue un flujo polifónico (no homofónico, contrapunto complejo) hasta el final con la cláusula en G (Sol, Gesolreut).

Inmediatamente después de este versículo, viene el apóstrofe final: “Jerusalem, Jerusalem, convertere ad Dominum, Deum tuum”), con cierto dramatismo dado por los silencios.

La finalidad de este breve apunte ha sido:

  • Poner en relieve el interés de la música española del siglo XVII, que si no se conoce no será porque no exista, porque no tenga calidad, o porque no esté descubierta y editada (la edición de esta pieza es de 1973...).
  • Mostrar cómo el compositor del barroco no compone de acuerdo a unas "formas" rígidas en las que embute la música (como por desgracia nos han enseñado en los estudios de composición), sino de acuerdo a unos procedimientos constructivos. En el caso de esta pieza, los pies y metros procedentes de la prosodia.
  • Mostrar también cómo el compositor construye su obra de acuerdo a una expresión, no "pone notas", sino que desarrolla un afecto determinado que es la guía de la obra.
  • Analizar la pieza de y descubrir la rítmica aditiva (pies, metros) que hay en ella.
  • Llamar la atención de la necesidad de este análisis para la ejecución, para dar los acentos y organizar el ritmo de acuerdo a estos pies, y no de acuerdo al compás en el sentido moderno. Es de señalar que el original carece de barras de compás (por esta razón se han puesto en líneas de trazos en los ejemplos).





[1] cfr. “Nota sobre Joseph Ruiz Samaniego” en Joseph Ruiz Samaniego, Miserere a 8, Ed. Luis Antonio González Marín, Barcelona, CSIC, 1998, pág. 7-8.
[2] Sobre la distinción entre el compás como mera medida y el ritmo real, orden de los movimientos, me remito a mi artículo "Rythmón y Arithmón.Influencia de la métrica poética en la costrucción rítmica en la música española del renacimiento tardío", Revista de Musicología XXVII, 2 (2004), pág. 841-849.
(Se puede descargar en:  https://miguelbernalripoll.files.wordpress.com/2015/09/rythmc3b3n-y-arithmc3b3n-scaneado.pdf)
y a la entrada en mi blog de aula:
https://www.educa2.madrid.org/web/miguel.bernalripoll/conjuntos-de-camara/-/asset_publisher/4HGx9OQZ5E20/blog/el-compas-en-la-musica-antigua/27885764?inheritRedirect=false&redirect=https%3A%2F%2Fwww.educa2.madrid.org%2Fweb%2Fmiguel.bernalripoll%2Fconjuntos-de-camara%3Fp_p_id%3D101_INSTANCE_4HGx9OQZ5E20%26p_p_lifecycle%3D0%26p_p_state%3Dnormal%26p_p_mode%3Dview%26p_p_col_id%3Dcolumn-2%26p_p_col_count%3D1.
[3] “La palabra «estulta», compás 48 debe escribirse «stulta», pero no puede corregirse, porque entonces faltaría una sílaba para la música. Faltas de latinidad de este tipo se encuentran también, de de vez en cuando, aunque más raramente, en los polifonistas españoles del XVI”. Cantatas y canciones…, p. 16 de la parte introductoria.
[4] Heinrich Lausber, Elementos de Retórica literaria, Madrid, gredos, 1983 (1ª edición Elemente del literarischen Rhetorik, 1963), pág. 190.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Miserere de Juan Francés de Iribarren

Los pasados días 29 de noviembre y 1 de diciembre de 2016 dirigí a la orquesta barroca del Real Conservatorio de Música de Madrid, junto con solistas vocales de la Escuela Superior de Canto de Madrid, dirigidos por los profesores Miguel Bernal Menéndez y Héctor Guerrero, sendos conciertos donde entre otras obras se interpretaba un Miserere de 1736 de Juan Francés de Iribarren (1699-1767), compositor Navarro que fue maestro de capilla de la catedral de Málaga. Disponemos de la música, todavía inédita, gracias a la amabilidad del musicólogo Luis Naranjo, profesor de la Universidad de Málaga. Quiero aquí compartir un análisis de la manera en que se ha ilustrado el texto.


A finales del periodo barroco, ya instalado en el rococó, Iribarren hace una descripción musical del texto del salmo 51 todavía teñida de las convenciones del barroco. En mi opinión, el interés de la propuesta musical de Iribarren es el logro de una unidad a la obra. En efecto, la sucesión de movimientos no es simplemente funcional, con una mera referencia al afecto del texto, sino que recoge el espíritu más profundo del texto bíblico.  

 Por otro lado, la música combina algunas pautas bastante tradicionales con otras más “modernas”. Entre las primeras encontramos la “ligadura en apariencia en séptima, cuando otra voz carga en la sexta”. Se trata de una postura vigente hacia finales del siglo XVII, descrita por Nassarre y Lorente años antes (cfr. Miguel Bernal Ripoll, Procedimientos constructivos en la música para órgano de Joan Cabanilles, Madrid, UAM ediciones, 2004, pág. 310 ss.), ya empleada por Scheidemann, Sweelinck y Correa, y empleada todavía por Cabanilles (ver pasacalles de primer tono, c. 16) Lorente p. 515
P. Nassarre, Escuela Musica, Zaragoza,  vol. II p. 401
A. Lorente, El porqué de la música, Alcalá de Henares, Nicolás de Xamares, 1672, p. 515
Esta misma postura es empleada por Iribarren al final del Miserere y del Tunc imponent. Entre los movimientos más modernos están el Redde mihi con el ritmo casi “Haydniano” o las armonías de séptima disminuida del Quoniam.

Pero lo que me interesa compartir en este apunte es la construcción de la unidad de todo el salmo. Éste es un texto que se atribuye al rey David, que había cometido un gran pecado enviando a una muerte segura en la guerra a uno de sus generales para quedarse con su mujer Betsabé, de quien se había enamorado. Reprobado por el profeta Natán, y consciente de la barbaridad que había cometido, entona este cántico no sólo de sincera imploración de perdón, sino de petición de reconstrucción de su alma, dañada por su comportamiento. La necesidad y deseo de tener un alma pura parece aquí por encima del temor a un castigo. Se ha puesto música polifónico-concertante sólo a los versos impares, el resto se debe reconstruir con canto llano (en nuestra versión se efectuaron simples recitados sobre una nota, al modo de las lecciones). Podríamos distinguir tres partes:
  • Los tres primeros fragmentos polifónicos: nos introducen en la conciencia del pecado cometido. El Miserere (“Apiádate de mi”) se eleva como una imploración desde lo más profundo, que se convierte en tensión en el Amplius (“Lávame a fondo de mi culpa”) que adquiere el máximo dramatismo en el Tibi soli (“contra ti, contra ti solo he pecado, lo malo a tus ojos cometí. Por que aparezca tu justicia cuando hablas y tu victoria cuando juzgas”).
  • Con el Ecce enim (“Mas tú amas la verdad en lo íntimo del ser, y en lo secreto me enseñas la sabiduría”) hay un punto de inflexión en el discurso, hacia el reconocimiento de la misericordia de Dios, sucediéndose cuatro movimientos más amables. En Auditi meo (“Devuélveme el son del gozo y la alegría”) la orquesta estalla en alegría con un monumental alla breve (“que hasta mis huesos se alegren…”). El mismo ambiente amable continua en Cor mundum crea (“Crea en mi un corazón puro”) y en Redde mihi (“Devuélveme la alegría”).
  • Tras estas reflexiones vendría la última parte de la obra, el salmista confiando en la misericordia de Dios puede ya elevar su grito al cielo en Liberame (“Líberame del delito de la sangre…”). Aquí hay uno de los efectos más conseguidos desde el punto de vista retórico. Acompañados solo por el continuo, el primer coro eleva su grito al cielo, respondiendo en eco el segundo coro (¡la plegaria ha llegado hasta el cielo!). En Quoniam (“Si hubieras querido un sacrificio…”) vuelve la expresión dramática. Al final, en Benigne fac (“Se bondadoso, en tu buena voluntad con Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén”) no queda nada, todo ha sido borrado. Sólo queda la bondad de Dios, reflejado en el cuarteto vocal solo, con los pizzicati de la cuerda: las murallas de Jerusalen se van reconstruyendo piedrecita a piedrecita, se trata de uno de los más bellos efectos de la pieza, que sorprende al oyente a punto de acabar. Una vez reconstruido el templo —lo que simboliza la reconstrucción del ser humano— en Tunc imponent podremos “ofrecer un novillo sobre el altar”. Se trata a mi juicio no tanto de una de las más bellas ilustraciones musicales de un texto, sino una auténtica hermenéutica del mismo. Esperamos con nuestra interpretación haber contribuido a la recuperación del patrimonio musical de nuestro país.